Está bien cultivar el bienestar pero no hay que confundirlo con la propia meta de la vida, es decir, aquello que le da sentido, que en el ámbito laboral es aquello que se te da bien (utilizas tus mejores capacidades lo que refuerza tu autoestima) coincide con tus valores (lo que te hace sentir en sintonía contigo mismo) y coincide con una temática o tarea que te gusta hacer. No hay que confundir las metas laborales con las metas de la vida que pueden ser muchas otras (tener un hijo, tener una pareja con la que conectar, viajar, hacer tareas filantrópicas o conocerte por dentro o aprender cosas nuevas como idiomas, técnicas o carreras por placer). Por ello las metas vitales pueden ser aquellas cosas esenciales sin las que no puedes pasar antes de haberte ido a la tumba sin arrepentirte. En definitiva, un conjunto de acciones laborales, sociales, amorosas y de conocimiento interno y externo que te lleven a la conclusión de que ha merecido la pena pasar por aquí.